Batalla de Ideas

9 agosto, 2020

Pedro Casaldáliga (1928-2020): morir de pie y al lado de los olvidados

Este sábado 8 de agosto murió el obispo brasileño Pedro Casaldáliga. Referente religiosos hasta nuestros días y poeta vivió junto a los pobres, defendió los derechos humanos, luchó por la tierra y por la causa indígena. Su vida fue una fiel demostración de que cristianismo, revolución y socialismo pueden ir de la mano.

Fernando González*

@Gonzalezjosefer

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El martes 4 de agosto comenzó a circular la noticia: “El obispo se encuentra internado en el hospital de São Félix do Araguaia debido a problemas respiratorios. Casaldáliga está muy debilitado por el párkinson que sufre hace años y su edad avanzada. La prueba para la Covid-19 ha dado negativo, pero su situación de salud es muy grave” informaron desde la Asociación Araguaia con el Obispo Casaldáliga y Asociación ANSA, dos de las organizaciones de apoyo a la obra del obispo en el estado de Matto Grosso, casi entrando a la región amazónica del Brasil. Cuatro días después el “Obispo de los pobres”, falleció.

Cuando se conoció la noticia de su muerte, en la mañana del 8 de agosto, las palabras de homenaje no tardaron en salir a la luz. Leonardo Boff, otro de los reconocidos teólogos que profesan la “teología de la liberación, escribió por la red social Twitter que Pedro Casaldáliga “vive en la memoria de todos los pobre que defendió, de los martirizados por el latifundio(…)”. 

Joao Pedro Stedile, dirigente del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), sostuvo por medio de un video para Telesur que “el pueblo latinoamericano, perdió a unos de los grandes. Estoy muy dolorido como estuve en aquel triste marzo cuando perdimos a Chávez o cuando me tocó a nombre del MST ir al funeral de Fidel. La fecha de hoy tiene ese significado para todo el pueblo latinoamericano”. 

El mismo Lula Da Silva le dedicó un homenaje desde su página oficial. “Don Pedro Casaldáliga vivió y practicó la fé y el amor que nos enseñó Jesucristo. Tuvo solidaridad y compromiso hasta el fin de la vida con los desvalidos, la democracia, la libertad, la naturaleza y los derechos humanos”.

¿Quién fue Pedro Casaldáliga?

Su verdadero nombre, en catalán era Pere Casaldàliga. Su vida siempre estuvo ligada a la problemática campesina, ya que su madre y padre eran campesinos en la localidad catalana de Balsareny, España. Pero la formación católica de su familia, en plena convulsión social en Europa, los hacía adoptar posicionamientos de derechas. En su libro autobiográfico Yo creo en la justicia y la esperanza, lo describe así: “Nací a orillas del tejedor Llobregat, en 1928 y en una lechería. (‘Maldito sea el latifundio, salvos los ojos de sus vacas’). De una familia católica y de derechas, que en aquellos tiempos era una sola cosa”. Su tío Luis, de hecho era sacerdote y fue junto a otros compañeros, asesinado por republicanos, luego de comenzada la guerra civil española.

Ante la imposibilidad de asistir a la escuela eligió ser seminarista a los nueve años, en la congregación claretiana. En ese proceso de formación fue tomando distancia de las posiciones conservadores y abrazando las reformas eclesiales que luego se abrirían a partir del “Concilio Vaticano II” en 1959. Durante ese periodo de formación descubrió su vocación sacerdotal: ser misionero. Creía que ahí se expresaba fielmente la tarea de redención “de los perseguidos y martirizados”. También en ese proceso se formó como poeta y escritor. Del seminario saldría a los 24 años ya fue ordenado como sacerdote.

Uno de los primeros destinos donde su propuesta de una nueva iglesia fue puesta a prueba fue en África, en Guinea que por ese entonces todavía seguía siendo una colonia española:

“Estando en Barcelona fui llamado a implantar en África, en la Guinea que aún era ‘española’ los Cursillos de Cristiandad (…) El momento era por demás estimulante, porque se vivía, en aquellas fechas, el despertar sangriento del Congo Belga, como un síntoma álgido de “el despertar de África”. Dimos Cursillos “mixtos”, a blancos y negros, contra toda respetable opinión de algunos honrados colonizadores. (…) Sentí África, colonizada y catequizada (…). Sentí furiosamente la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Y cuando regresé (….) llevaba para siempre en el corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, los Pobres de la Tierra, y esa nueva Iglesia —la Iglesia de los Pobres— que diríamos más tarde, a partir del Concilio”.

Iniciado el Concilio Vaticano II, Casaldáliga y un grupo de jóvenes claretianos dieron una férrea batalla para que la orden tome como propio los postulados reformadores. Tal fue así, que en esa batalla el sector conservador de la congregación lo apodó “el Che Guevara” y no se equivocaban, ya que fue su figura la que terminó marcándole el rumbo. “Había llegado también para mí, personalmente, una hora decisiva. Entre otras cosas que ya he dicho, Che Guevara acababa de ser muerto, y su testimonio laico era una nueva llamada desde América”.

Es así que en 1968 llegó al Matto Groso como misionero. Se iba de la dictadura franquista, para llegar a un país que comenzaba a vivir su dictadura militar (1964-1985). A los tres años (1972) fue nombrado obispo de la diócesis de São Félix do Araguaia. Ya para ese momento había publicado su primera carta pastoral “Una iglesia amazónica en conflicto con el latifundio y la marginación social”, que le valió la desconfianza de la jerarquía eclesiástica del país. En ella sostuvo que lo que vivieron como misioneros “nos dio la evidencia de la inequidad del latifundio capitalista, como pre-estructura social radicalmente injusta; y nos confirmó en la clara opción de repudiarlo.Sentimos, por consciencia, que también debemos cooperar en la desmitificación de la propiedad privada. Y que debemos instar, con tantos otros ciudadanos sensibilizados, a una Reforma Agraria justa, radical, sociológicamente inspirada y realizada técnicamente, sin demoras exasperantes, sin intolerables camuflajes” .

Por supuesto esta carta, que fue aceptada por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), le valió a su diócesis la acusación de colaboración con la guerrilla y el enfrentamiento con los terratenientes, el gobierno militar y la prensa conservadora. En esa ocasión surgían poemas como “Canción de la hoz y el haz”(1972):

Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha, vivo.

Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero

y amor de revolución.

Y entre Evangelio y canción

sufro y digo lo que quiero (…)

Esta predica no fue gratuita. Por ella, los poderosos terratenientes locales le amenazaron de muerte en numerosas ocasiones. Fue el caso de octubre de 1976, cuando atentaron contra su vida, pero se llevaron la del sacerdote João Bosco Burnier en una Comisaría a “la que se presentaron para protestar oficialmente contra las torturas a que estaban siendo sometidas dos mujeres, labradoras, madres de familia e injustamente detenidas”, como manifestó años despues en una carta al Papa Juan Pablo II (1986).

Durante los años setenta participó de la creación del Consejo Indigenista Misionero (1972) y de la Comisión Pastoral de la Tierra (1975), dos de las más importantes entidades religiosas en Brasil, de importancia vital en la lucha por la tierra y de las cuales surgieron los movimientos campesinos más importantes, principalmente el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

Sin embargo, los giros de la política vaticana, bajo el papado de Juan Pablo II (1978-2005), le valieron el llamado de atención y varios intentos de expulsión por parte de Roma, los cuales nunca se concretaron. Pero ese intento de disciplinamiento no logró hacer callar su voz dentro de la iglesia, es así que en 1986 le escribió una carta al Papa, que luego hizo pública.

En ella critica diferentes aspectos que seguían sin ser reformados en la Iglesia. “No se puede negar que la mujer continúa siendo fuertemente marginada en la Iglesia” sostuvo. También afirmaba que era un atraso y una incomprensión de la realidad de las diferentes iglesias la institución del celibato. “No estamos siendo comprensivos ni justos con estos millares de sacerdotes, (…) que aceptaron el celibato compulsoriamente, como exigencia” (1986). También en esa carta se manifestó por una mayor apertura hacia el ecumenismo  e instaba: “¿Por qué no decidirse, con libertad evangélica y también con realismo, por una profunda renovación de la Curia Romana?” . Es evidente que estas posiciones no eran bien recibidas por la administración del polaco Karol Wojtyla.

En defensa de las revoluciones

 Pese a las advertencias vaticanas, nunca abandonó sus posicionamientos políticos. Defendió a los procesos revolucionarios, como el nicaragüense, instando al Papa a dialogar con la revolución sandinista:

 “¿Sólo con el Socialismo o con el Sandinismo no puede dialogar la Iglesia (…)? ¿Podrá la Iglesia dejar de dialogar con la Historia? Dialogó con el Imperio romano, con el feudalismo, y dialoga, a gusto, con la burguesía y con el capitalismo, muchas veces acríticamente (…). ¿No dialoga con la Administración Reagan? ¿El Imperio norteamericano merece más consideración de la Iglesia que el proceso doloroso con que la pequeña Nicaragua pretende ser ella, por fin, arriesgando y hasta equivocándose, pero siendo ella?”

En pleno neoliberalismo triunfante en la región, no dudó en apoyar y saludar a los indígenas zapatistas que se alzaban un 1 de enero de 1994, en el sur de México. “Sea cual fuere el desarrollo del proceso Chiapas, algo hay de irreversible en él: la herida que se destapó, el grito de dignidad de esos pueblos indígenas” (1994). Así como a los 40 años de la revolución cubana, cuando la isla recién comenzaba a salir del periodo especial, escribió la “Declaración de amor a la Revolución Total de Cuba” (1999), en la que sostenía que:

“la revolución debe seguir haciéndose, pero total (…). Total, además, ha de ser, porque la buena revolución que soñamos y que uno quiere para esta Cuba amada y para Nuestra América y para el mundo, es la revolución de las almas, la revolución de las relaciones, la revolución de las estructuras. Pero revolución, porque de reformas al estilo de las democracias formales, ya estamos más que cansados”

Sus últimos años al lado de los más olvidados

En 2003, al llegar a los 75 años puso la diócesis a disposición del Papa como marca la institucionalidad de la Iglesia. Sin embargo, incluso en esa ocasión decidió desafiar a Roma y lo hizo quedándose en la ciudad de São Félix de Araguaia incluso cuando fue designado su sucesor. “Si el obispo que me suceda desea seguir nuestro trabajo de entrega a los más pobres podría quedarme con él como sacerdote; de lo contrario buscaré otro lugar donde poder acabar mis días al lado de los más olvidados”, afirmó en ese momento.

En 2005, Roma ya había designado un obispo para la diócesis y volvió a exigir que Casaldáliga abandone la región. Como era esperable, “el obispo rojo” se negó y se quedó trabajando con su reemplazo y luego con el siguiente.

Ya en la última década, el parkinson que heredó de su padre, lo tenía contra las cuerdas. Pese a ello, todavía en 2012 los terratenientes seguían amenazándolo de  muerte por su defensa de los indígenas. Por ese motivo, las autoridades brasileñas de la gestión de Dilma Roussef lo trasladaron a un lugar desconocido durante meses para preservarlo de las amenazas de los colonos que ilegalmente se quedaban con las tierras indígenas de la región.

Su vida fue una fiel demostración de que cristianismo, revolución y socialismo pueden ir de la mano, ya que como él mismo dijo:

“El capitalismo es un pecado capital. El socialismo puede ser una virtud cardinal: somos iguales, somos hermanos y hermanas, la tierra es para todos y, como repetía Jesús de Nazaret, no se puede servir a dos señores, y el otro señor es precisamente el capital” .

Con su muerte, pero más aún son su vida, cumplió con su propósito

Yo moriré de pie como los árboles.

Me matarán de pie

(Profecia extrema, ratificada, 1977)

*Sociólogo y Doctor en Geografía. Investigador Asistente del CONICET.  “Programa de Estudios Regionales y Territoriales”, Instituto de Geografía de la UBA. Miembro del Colectivo “Crisis socioambiental” del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Integrante de la Rama Rural del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

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