Batalla de Ideas

10 septiembre, 2020

Economías populares: la primera línea en la pandemia

La crisis reveló cómo las economías populares, muchas veces caracterizadas como periféricas o marginales, son en realidad la forma de reproducción predominante de las mayorías en las ciudades y territorios del continente. Un conjunto investigadores de América Latina hemos insistido en la necesidad de problematizar el concepto de informalidad y de comprender las tramas de las economías populares.

Crédito: Gaston Bejas

Santiago Azzati, Martha Lucia Bernal y Alioscia Castronovo* 

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En los últimos meses América Latina se ha convertido en la región más afectada por la pandemia con un incremento sin precedentes de los niveles de desigualdad e injusticia social, que ya eran alarmantes, y una profundización de la crisis de la reproducción social que la región viene atravesando desde hace tiempo. En la pandemia, las violencias estructurales vinculadas a la raza, el género y la clase se entrecruzan con gestiones diversas por parte de los gobiernos locales y nacionales, pero también en relación a las dinámicas de auto-organización, cooperación y lucha propias de cada geografía, vinculadas a ciclos de revueltas, movilizaciones y resistencias que anteceden a esta coyuntura. En lugar de atribuir a la pandemia el origen de la crisis nos interesa otra lectura, en la que los efectos de la pandemia revelan el recrudecimiento de las contradicciones de una sociedad que ha “normalizado” el hecho de que una gran parte de la población trabaje en contextos precarios y prácticamente sin derechos frente al creciente despojo de servicios públicos, tal como demostrado por las dramáticas condiciones de los sistemas de salud al enfrentar la pandemia.

Las medidas de confinamiento han generado fuertes repercusiones en las condiciones de trabajo y reproducción de la vida, siendo les trabajadores de las economías populares les más perjudicades. Creemos que esta situación llevará a una crisis de múltiples dimensiones con altos niveles de desempleo y empobrecimiento a nivel global. En este contexto se produjo en los debates públicos una reafirmación de la categoría de “informalidad” como modo de nombrar las formas de trabajo de más de la mitad de la población en la región que no está bajo la lógica salarial, lo que ha revivido la intervención del Estado con las políticas de formalización y de emprendimientos como respuesta hacia estos sectores.

Crédito: Gaston Bejas

Desde el año 2016, en el marco del GT de CLACSO “Economías Populares: mapeo teórico y práctico”, un conjunto investigadores de América Latina, pertenecientes a diversas experiencias de investigación y militancia hemos insistido en la necesidad de problematizar el concepto de informalidad y de comprender las tramas de las economías populares ligadas al sostenimiento y a la reproducción de la vida en los territorios, reconociendo que producen valores, infraestructuras y excedentes, pero bajo condiciones limitadas.

Entendemos estas tramas como formaciones económicas, sociales, políticas y culturales heterogéneas que expresan dinámicas de producción de lo común y conflictividad social donde se entrecruzan luchas feministas, migrantes, antirracistas y populares. En ellas se despliegan relaciones de interdependencia, de reciprocidad y de competencia, de cooperación y de apuestas políticas, y constituyen una espacialidad de intersección de economías físicas, afectivas, identitarias, productivas y colectivas y, por lo tanto, de producción política; a la vez que se inscriben en procesos de temporalidades largas y de varias capas de memorias organizativas.

En el informe Economías populares en la pandemia: cartografía provisoria en tiempos de aislamiento y crisis global mostramos como en el actual contexto las economías populares están funcionando como las principales superficies de inscripción de la crisis y, a la vez, como los espacios de respuesta a sus efectos más devastadores. En este sentido, proponemos un abordaje de las economías populares a partir de tres ejes: en primer lugar, con el propósito de relevar los distintos contextos, mapeamos las políticas públicas y las medidas de prevención y contraste a la pandemia, focalizando sus impactos en los distintos países de la región. El segundo eje se vincula a las disputas y estrategias que se vienen tejiendo desde los territorios, las múltiples espacialidades y escalas de las economías populares, de lo doméstico a lo barrial y territorial: resaltamos las prácticas autogestivas, las tramas organizativas, los modos de vida, los procesos de feminización del trabajo y de la pobreza, las resistencias a los múltiples modos de explotación y a los mandatos de género. Finalmente, el tercer eje se vincula a la reconfiguración del conflicto social frente al neoliberalismo financiero y extractivista y a sus articulaciones con la avanzada conservadora y reaccionaria. Las dinámicas de acumulación de capital en la crisis operan a través de las jerarquías de género, raza y clase, apostando a explotar la producción de valor y la potencia cooperativa, autogestiva, popular. Más allá de cualquier nacionalismo metodológico, nuestras perspectivas analíticas y políticas cruzan fronteras, territorios y disciplinas con el propósito de poner en relieve distintas escalas geográficas, temporalidades, disputas y procesos políticos en curso en la región.

La crisis reveló cómo las economías populares, muchas veces caracterizadas como periféricas o marginales, son en realidad la forma de reproducción predominante de las mayorías en las ciudades y territorios del continente. Además, durante la pandemia, esta escala continuó ampliándose a un ritmo acelerado, frente al aumento del desempleo y del despojo de infraestructuras y servicios públicos que la crisis sanitaria está dramáticamente mostrando. Si bien en varios países se implementaron políticas de transferencias monetarias a través de bonos especiales o subsidios para trabajadorxs del sector informal, en la mayoría de los casos llegaron tarde -si lo hicieron- y los montos fueron insuficientes para mitigar la pérdida de ingresos. Con tasas de empleo informal que oscilan entre el 40% y el 80% de la población en el continente, el hacinamiento y la precariedad del acceso a la vivienda en las ciudades, el mandato de “quedarse en casa” se volvió dramáticamente insostenible. Para gestionar y hacer cumplir el confinamiento, la militarización fue una de las medidas adoptadas en países como Ecuador, Perú, Colombia, Chile y El Salvador. En términos generales se tradujo en toques de queda y en la intensificación del control represivo, abusos de las fuerzas de seguridad y otros tipos de violencias. Un punto recurrente en varios países fue la criminalización por parte del Estado a comerciantes ambulantes y mercados populares señalados como “focos de contagio”.

Crédito: Gaston Bejas

La problemática migrante también aparece como otro frente abierto en muchos territorios. Ante las dificultades de solventar la vida diaria en las ciudades, muchxs trabajadores de las economías populares han hecho grandes esfuerzos por retornar a sus lugares de procedencia en donde aún cuentan con otras redes y posibilidad de acceder a la tierra, como sucedió en Bolivia, Venezuela, Ecuador y Guatemala. Un conflicto laboral particularmente importante se vincula a les trabajadores de las economías de plataforma, muches de elles migrantes, que fueron de los pocos sectores que continuaron trabajando durante el aislamiento, pese a no recibir protección alguna por parte de sus empleadores.

La capacidad dinámica y creativa de estas economías se mostró en plena crisis: en varios países además de ampliar los comedores comunitarios y organizar los cuidados, un conjunto de organizaciones, cooperativas, experiencias de autogestión y empresas recuperadas se volcaron a la producción y provisión de insumos críticos (como barbijos, guantes, jabón, alcohol en gel y otros productos sanitarios) para abastecer la emergencia sanitaria y alimentaria, donando en muchos casos la producción a los hospitales y a la comunidad. En Venezuela, entre falta de abastecimiento de gasolina y caída del consumo por el bloqueo y la crisis del modelo rentista venezolano, coexisten articulaciones entre tramas populares y políticas estatales. En Colombia, Guatemala, México y Ecuador, las redes de intercambio popular, indígena y comunitario fortalecieron sus prácticas de circulación de productos, trueque y distribución sin intermediarios, para lograr sostener la vida y sus necesidades. El despliegue de múltiples violencias de género, policiales, narco y paramilitares en muchos territorios muestra la continuidad y la profundización de las lógicas de extracción y control del territorio a través de la violencia.

Por último, es abrumador el traslado e intensificación de las actividades laborales al ámbito doméstico, vía teletrabajo pero también de la asunción de las tareas escolares dentro del hogar, que sin distinción mixtura las actividades laborales con trabajo de reproducción. El espacio doméstico entra en colapso: tanto por las violencias de género como por la saturación de tareas laborales y de cuidado, por los limitantes en el acceso a la conectividad y la acumulación de deudas. Lo que recrudeció durante el aislamiento fueron las situaciones de violencias hacia mujeres, lesbianas, travestis y trans y los femicidios, travesticidios y transfemicidios, volviendo casi insostenible la exigencia que recae en las trabajadoras de las líneas de emergencia por violencias de género. 

A manera de cierre, cabe destacar que las economías populares, centrales en la organización de la reproducción social, aparecen en el corazón de la conflictividad social desatada por y en la pandemia. En ellas se visualiza el despojo sistemático de territorios, la falta de provisión de servicios, las nuevas formas de explotación y endeudamiento, la injusta remuneración de los trabajos esenciales de cuidados que realizan a diario. Pero a la vez, son fundamentales en la pandemia, como estrategias de reproducción social que las ha evidenciado como economías de primera línea. En este contexto de disputa, queda abierta la pregunta en torno a la capacidad de estas tramas y procesos sociales para impugnar los modos de explotación y despojo del capital en los territorios, hacia el aumento de la conflictividad social y a la disputa por la riqueza social, o en términos de complementariedad con la política social gubernamental.

*Integrantes del Grupo de Trabajo de CLACSO Economías populares: mapeo teórico y práctico

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