Batalla de Ideas

10 septiembre, 2020

Luchar, crear, poder popular: la experiencia del MIR y la vía chilena al socialismo

A 47 años del golpe de Estado al gobierno socialista de Salvador Allende, analizamos en clave histórica un proceso revolucionario que planteó diferentes estrategias para un mismo fin: terminar con la barbarie capitalista.

Juan Soria*

@ratherbeJuan

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La historia de la “vía chilena al socialismo” es también la historia de la “vía armada al socialismo”. Es posible pensar las diversas lógicas de construcción de diferentes herramientas políticas anticapitalistas, sus encuentros, tensiones y los desafíos que plantearon –y les fueron planteados– a través del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La historia de este movimiento a partir de 1965 y, sobre todo, a partir de la llegada al poder de Salvador Allende y la Unidad Popular en 1970, nos permite echar luz sobre una de las coyunturas más interesantes de la lucha de clases en nuestro continente.

El reordenamiento de la disputa internacional a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial dividió el mundo en dos campos. Encabezados por los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas respectivamente, dio origen al período llamado “Guerra Fría”.

A partir de la década de 1950 asistimos a un agotamiento del patrón de acumulación por sustitución de importaciones, el cual no pudo solucionar los problemas estructurales del capitalismo a nivel regional. Frente a este punto de quiebre, se comenzará a vivir un período de ascenso de lucha de masas en todo el continente. En respuesta a esto, América Latina verá la política exterior norteamericana orientarse a evitar el avance de diversos proyectos socialistas y populares en la región, sobre todo a partir de 1959 -año del triunfo de la revolución cubana- , diversas herramientas como el El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la OEA, la Alianza Para el Progreso y la Doctrina de Seguridad nacional serán parte del arsenal político, militar y económico que utilizará EE.UU para cuidar su “patio trasero”.

El triunfo de los revolucionarios cubanos abre la posibilidad de construcciones políticas alternativas al capitalismo a nivel mundial y de forma particular, en América Latina. Frente a una “vieja izquierda”, encarnada en el Partido Socialista o Comunista, la utilización de la “vía armada” como modo de llegar al socialismo se vivió como la experiencia fundacional de una nueva generación de militantes revolucionarios y revolucionarias en todo el mundo, que decantó en diversas propuestas organizacionales de lo que se conocería a posteriori como “nueva izquierda”.

Pueblo, conciencia y fusil

En este marco, el 15 de agosto de 1965 irrumpe el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), resultado de la articulación de sectores provenientes de diversas tradiciones de izquierda, desde el socialismo al anarquismo. Afirmaba el objetivo de construir una herramienta política que pudiera disputar el sentido de la izquierda a los partidos tradicionales, planteándose como  “la única organización que plantea en forma coherente aprovechar la coyuntura para acabar con el capitalismo”. Se proclamaba la “vanguardia marxista – leninista” de Chile, con el objetivo de derrocar el sistema capitalista y establecer un gobierno de obreros y campesinos para llegar al comunismo. La única manera de resolver los problemas de la dependencia latinoamericana era la ruptura total con el capitalismo. Por un lado, la burguesía chilena había sido incapaz de realizar su tarea histórica de liberación nacional. Al mismo tiempo, se diferenciaba tanto de la “burocracia estalinista” de la URSS y del “reformismo” de los partidos tradicionales de la izquierda chilena.

Como alternativa a esto, el MIR planteaba la insurrección armada como vía para derrocar al régimen capitalista, tomando a la guerra revolucionaria encabezada por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara en Cuba como ejemplo.

Corría el año 1967. Gobernaba el país Eduardo Frei Montalva, presidente por la Democracia Cristiana. Bajo su gobierno tuvieron lugar diversas luchas, sobre todo en relación a los y las trabajadores y trabajadoras y las tomas de tierras en el campo y la ciudad, duramente reprimidas por el Estado. Los partidos de izquierda no se hicieron eco de la situación.

Ese mismo año asumiría la conducción del MIR quien sería su figura más conocida, Miguel Enríquez. Su tendencia dentro del espacio venía realizando un profundo trabajo de masas entre estudiantes y trabajadores, y era la que más fuerte propugnaba la lucha armada como método de combate. También, por aquellos días, se acrecentaría la formación política de cuadros y se reeditaría “El Rebelde”, órgano periodístico del MIR.

Por otro lado, la conformación de los “Grupos Político – Militares”, espacios intermedios de articulación política entre las bases y el crecimiento cualitativo en la acumulación política (resultado de un proceso de selección de quienes decidían militar en la organización), sentó las bases de un diseño táctico que consistía en la penetración en los frentes de masas y la realización de acciones armadas.

El MIR en el laberinto de la Unidad Popular

El 4 de septiembre de 1970, el gobierno de la Unidad Popular (UP), encabezado por Salvador Allende, triunfaba en las elecciones. Se iniciaba la “vía chilena al socialismo”.

Se estaba frente a una situación sin precedentes. Nadie podía dudar, sin embargo, que el objetivo de la Unidad Popular era construir el socialismo. Su particularidad radicaba en que proponía conseguir este objetivo de forma gradual y apoyándose en la institucionalidad burguesa. Esta nueva forma de construcción llamaba la atención particularmente en Europa: frente a ejemplos más “modernos” (como el cubano o el vietnamita) que se daban en condiciones distintas a las europeas, la propuesta de la Unidad Popular resultaba inédita en los modos de organización revolucionarios conocidos hasta el momento.

Entre 1970 y 1972, la Unidad Popular desplegó gran parte de su programa electoral: nacionalización del cobre y la banca, reforma agraria y la creación del área de propiedad social. La respuesta de la burguesía no se hizo esperar: los sectores patronales y los partidos de derecha se lanzaron a la contraofensiva. Frente a esto, las diversas organizaciones populares en muchos casos respondían acelerando el proceso revolucionario, pasando por encima a la institucionalidad burguesa.

El MIR en un primer momento, previo al triunfo de la Unidad Popular, había decidido posicionarse públicamente contra las elecciones. Afirmaban que no eran el camino para construir el socialismo, afirmación que se sostenía en la creencia de que las mismas “aplacarían” el ascenso de la lucha de clases. Sin embargo, a partir de la victoria de la Unidad Popular, su postura pasará a la construcción política en el movimiento de masas, con el objetivo de radicalizar el programa del gobierno de Salvador Allende. Un nuevo momento tenía lugar en la lucha de clases en Chile.

El MIR, en “abierta crítica a la Unidad Popular”, caracterizaba a la oligarquía y al imperialismo como un bloque dominante que, más allá de algunas diferencias, compartía un objetivo común. Frente a esta situación, el MIR llamaba a ocupar espacios de la institucionalidad burguesa para avanzar al socialismo.

El año 1972 marcó un momento de repliegue de la UP, fundamentalmente como resultado de la “insurrección de la burguesía”, un despliegue político orientado al desabastecimiento de la sociedad chilena. A su vez, ocurrió un enorme paro de transportes. El bloque dominante avanzaba en su plan de ahogar la vía chilena al socialismo. La movilización de los sectores populares para reabastecer el país y para frenar la violencia de las bandas parapoliciales dejaba en claro que el movimiento de masas era el que dinamizaba el proceso.

La lectura que proponía el MIR frente a la “inevitabilidad” del conflicto la organización planteaba la necesidad de construir una nueva situación política basada en el poder popular. Esto consistía en la creación de una legalidad popular paralela al Estado burgués, con estructuras de poder autónomas basadas en Consejos de obreres y campesines (los Cordones Industriales y Comandos Comunales). Así, frente a la hipótesis del choque inminente con los sectores dominantes, el proceso revolucionario poseería una institucionalidad y fuerza de fuego propia por fuera de la burguesa, capaz de derrotar al enemigo y avanzar en la construcción del socialismo.

El 1973 representó un año clave para el MIR. La organización buscaba ganar la conducción del movimiento de masas, la construcción de poder popular y a la vez, la creación de una fuerza militar propia. Tensionar para derrotar la avanzada de las clases dominantes era la tarea del momento. La disyuntiva, entendía el MIR, era la contraofensiva revolucionaria o la claudicación reformista.

La clausura de la lucha de clases no comenzó en septiembre de 1973. La decisión de Allende de evitar un enfrentamiento tras fraguar el intento de golpe de mayo de ese año cerraría la posibilidad de una radicalización de la Unidad Popular. El MIR, por su parte, no fue capaz de capitalizar la respuesta antigolpista. Los sectores dominantes purgarían a las Fuerzas Armadas de los militares leales a Allende. Entra en escena Pinochet.

El 11 de septiembre de 1973 a las 8 de la mañana Allende se dirige al pueblo desde el Palacio de la Moneda, en uno de los discursos políticos más impactantes de la historia. El golpe de Estado encabezado por Pinochet estaba en marcha. Allende y su “Grupo de Amigos Personales” (militantes miristas devenidos guardia personal presidencial) resisten, fusil en mano, la asonada militar. El Palacio de la Moneda es bombardeado. Miguel Enríquez le ofrece a Allende un salvoconducto para resistir en la periferia de Santiago. Allende decide resistir hasta el final en la Moneda. El final es harto conocido. El MIR resistirá en fábricas y territorios tomados. La furia de los golpistas es imbatible. El 11 de septiembre de 1973 triunfaba en Chile un golpe de Estado encabezado por militares, orquestado por las clases dominantes chilenas y digitado por los Estados Unidos. Era el “fin de la vía chilena al socialismo”.

A modo de cierre: es por la vida que vendrá

El crítico inglés Mark Fisher hablaba sobre “realismo capitalista” para hacer referencia a la idea de que no sólo el capitalismo es el único modelo existente, sino el único imaginable. Sin embargo, es necesario comprender que aquel es más bien el resultado de una compulsa histórica. El orden actual se nos presenta como “lo dado”. El neoliberalismo fue la forma que acuñaron las clases dominantes para volver a asegurar los flujos de capital a nivel global luego de la crisis de “los años dorados” de la posguerra, acunado en la derrota de diversos proyectos.

Se cumplen 47 años del golpe en Chile, mismo país que luego del mismo devino laboratorio del neoliberalismo. Releer desde nuestros días el desarrollo histórico de la(s) vía(s) chilenas al socialismo y su posterior derrota, preguntarnos sobre estos procesos desde el hoy tiene que servirnos no tanto para “aprender” de la historia, sino para comprender las diversas motivaciones que guiaron la práctica colectiva de los grupos sociales y de les individues. Parafraseando al historiador inglés Edward Thompson, probablemente en las causas perdidas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria o la Unidad Popular todavía podemos encontrar percepciones de males sociales por sanar. En un mundo azotado por la crisis sanitaria y económica, la conflictividad social nos presenta batallas que todavía podemos ganar. Al fin y al cabo, ese será el mejor homenaje a quienes nos precedieron.

*Docente de Historia

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