Batalla de Ideas

22 septiembre, 2020

Apuntes disidentes: el lado Bi

Usando como excusa este 23 de septiembre, Día Internacional de la Visibilidad Bisexual, les invitamos a discutir(nos) como identidad, nuestras luchas y reclamos, nuestras reivindicaciones y derechos, nuestros deseos, nuestras propias historias. Desde la transgresión basada en la elección múltiple, y no en la imposición de modelos únicos, confrontamos las categorías de una orientación definida y permanente, y sentamos las bases de los futuros besos y luchas, de las reivindicaciones propias que no son una sumatoria de derechos pakis (hétero) + derechos homosexuales.

Karen Brett y Rocio Riccomini*

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La primera aparición de la B en nuestro país la encontramos en el Primer Encuentro Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Bisexual, que se realizó en Rosario en 1996. Al año siguiente ya se encontraba en la sigla de la Marcha del Orgullo, y en 1999 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Bisexualidad. En el año 2011 apareció de manera autoconvocada el taller “Mujeres y bisexualidad” en el entonces llamado Encuentro Nacional de Mujeres. Hoy ya existe en el listado oficial del encuentro, pero siempre con algún detalle, no menor, como asimilarse a otras identidades o asignársele aulas fuera de las escuelas donde se encuentran el resto de los talleres sobre disidencias sexogenéricas. El objetivo hoy (y hace años) en ese espacio es tener un taller de activismos bisexuales en el listado oficial.

Los datos están, somos sujetes situades, nuestra memoria está activa. Sin embargo aún está el sabor amargo de la invisibilización, y a la vez un guiño cómplice a la memoria disidente, de sabernos presentes en la historia, aunque no estemos en los libros. Sabemos que las identidades diversas fueron ocultadas, y las bisexualidades tenemos una especificidad, que es simple de explicar. Pensemos en las hazañas de algune personaje histórique del que no se hablara de su sexualidad más que a escondidas. Pensemos rumores de que alguna vez frecuentó deseos que no corresponden a la heterosexualidad. La conclusión nunca será que era Bi. Esa persona era une lesbiane o une homosexual en ese chisme.

Lo cierto es que no lo sabremos con exactitud. Tampoco nos incumbe; pero sí podemos decir que siempre tenemos unos pasos más que hacer para ser visibilizades. Eso no hace ni más ni menos dura nuestra existencia con respecto al resto de las disidencias sexogenéricas, pero sí nos hace responsables de afirmar nuestras identidades políticas con su especificidad, para abonar a un movimiento que desde la disidencia hace su historia, y transforma su futuro y el del resto.

¿El espacio del medio? -entre la heterosexualidad y la homosexualidad-

¿Es la bisexualidad una categoría entre la heterosexualidad y la homosexualidad? ¿Nos movemos entre relaciones pakis y homosexuales? ¿Somos un rato una cosa y otro rato otra? ¿Nuestra identidad se define dependiendo de la pareja de turno? No.

¿Qué nos define entonces como bisexuales? ¿Podemos acaso apelar a definiciones cuando habitamos una sexualidad que hace base en la fluidez del deseo?¿Nos podemos decir bisexuales cuando efectivamente nos acostamos con más de un género? ¿Es la bisexualidad algo que refiere pura y exclusivamente a nuestras prácticas sexuales?

Se nos hace imposible pensar la bisexualidad como “el lugar del medio”, la duda entre ser heterosexual u homosexual. Sí, quizás no sea un “punto final”, quizás haya aún más por ver y explorar, pero de ninguna manera un punto entre dos posibilidades opuestas y radicales.  Ubicar a nuestras identidades en ese lugar conlleva una vez más a fortalecer un modelo dominante que empobrece las posibilidades infinitas de desear, crear y construir nuevos deseos y territorios de lucha.

Sabiéndonos siempre sujetes politiques libres sí, liberales nunca-entendemos y vivimos la bisexualidad como el espacio donde todos nuestros deseos entran y se acomodan, coexisten, varían; es el espacio al que llegamos cuando abrimos la puerta al despliegue de los deseos, a la variabilidad de nuestros sentires, cuando nos abrimos a la  incertidumbre de no saber por quién nos sentiremos atraídes hoy, mañana y pasado.

La batalla contra el pakiarcado

La sociedad insiste en estructurarse a partir de términos dicotómicos; la división de géneros configura uno de los más grandes dispositivos de poder que buscan limitar y conducir nuestras subjetividades. Controla (o intenta controlar) y demarca los límites de lo posible, discriminando y excluyendo a partir de la falsa dicotomía entre lo normal y lo anormal, donde quienes nos salimos de esas sujeciones somos castigades. Sin embargo la opresión no cohibe únicamente a quienes rebalsamos la norma, sino también a quienes no pueden ver la multiplicidad de opciones, a aquelles que de una u otra forma encarnan un rol social y moralmente asignado sin haber tenido la oportunidad de cuestionarlo, aquelles que se ven sujetades al monosexismo.

Vivimos en un mundo que nos exige tomar decisiones y definiciones constantemente, tener metas claras, ir a por ellas en etapas preestablecidas; un mundo que exige certezas, que nos dice que así funciona, así es, y así será.

No es sorpresivo que se vea con ojos desconfiados a la bisexualidad cuando efectivamente pone en jaque ese ordenamiento: pone en jaque el modelo de familia tradicional, el modelo de consumo y de producción, la manera de vincularse, de generar afectos y sexoafectos. Dar más lugar a nuestros deseos significa dar menos a un mundo que los oprime. Asumir esta identidad es además, poner en cuestión el binarismo sexogenérico y la atracción sexual que se supone que de ello deviene, oponerse a un mundo donde haya que definir dicotómicamente, radicalmente, perpetuamente, hasta que la muerte nos separe, en nombre de dios, y del mercado que, dicho sea de paso,  no va a hacer una cama donde entremos tres.

Estar por fuera de las representaciones morales que las normas asignan, convierte a nuestras identidades en inhabitables, genera mecanismos de exclusión y por tanto, a contracorriente, un movimiento que precisa y se hace carne en la organización para levantar su propia agenda.

El feminismo popular tiene la premisa de luchar siempre por les más excluides, desde la interseccionalidad y el conocimiento situado. Las exclusiones del cistema patriarcal son múltiples y por eso son múltiples las estrategias que nos damos para combatirlo. Poner nuestra propia agenda bisexual en diálogo con las infinitas luchas que está dando hoy el movimiento feminista y disidente, es poner a jugar la necesidad de que nuestras maneras de habitar la sexualidad sean explícitas en todos los ámbitos. Que seamos una posibilidad de existencia en las aulas de la ESI; que nos den la información y atención que necesitamos  en la sala de ginecología y urología, en la de obstetricia; en el aborto legal, seguro y gratuito; en todo el sistema de salud, con énfasis en la salud mental, tan responsable de muchos padeceres y patologizaciones que, por ejemplo, siguen sumando vidas a las filas de suicidios adolescentes. Queremos ser BIsibles también en la cultura, estar en el deseo y en las posibilidades de existencia, en las representaciones de los nuevos modos de familia que venimos a proponer, en el lenguaje, en la performatividad de los cuerpos y en la agenda política de los movimientos sociales.

No estamos pidiendo permiso para estar, estamos dejando en evidencia que ya estamos acá hace mucho tiempo y no hay más margen para ser ignorades.

*Bisexuales – Mala Junta CABA

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