Batalla de Ideas

24 septiembre, 2020

Palabras en torno a las agriCulturas

Es necesario revisar unas cuantas palabras en torno a las agriCulturas, a partir de debates recientes de la sociedad. Se trata de reflexiones abiertas sobre palabras que escuchamos y usamos, y están escritas en modo “pensar en voz alta” y en colectivo.

Fernando Frank

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Ser precisos con las palabras es fundamental: nos permite entender y entendernos, aprender y enseñar. Es parte de las luchas políticas de cada persona y de cada organización elegir los aspectos de la realidad que intentamos transformar, nombrar y visualizar las transformaciones necesarias.

Culturas y diversidades

La agricultura es una de las actividades humanas que más transformó el planeta. Y también que nos transformó como especie: en lo alimentario, en lo económico, en las posibilidades de migrar, etc.

La palabra “Cultura” define al conjunto de las actividades humanas (teorías, creencias, arte, moral, derecho, costumbres, ciencias, hábitos, oficios, etc). En el origen etimológico de la palabra Cultura encontramos la expresión cultus, referida el cultivo de la tierra. Ser parte de una cultura implica, en su definición, una metáfora: cultivar la mente y el alma, como los campesinados cultivaron y cultivan la tierra.

Siguiendo la metáfora podemos decir que el valor supremo de las culturas, al igual que el de la vida, es la diversidad: diversidad cultura, y diversidad agrícola. La diversidad está amenazada y en peligro: las monoculturas, tanto en los monocultivos agrícolas, como lo que Vandana Shiva nombra como “monocultivos de las mentes”, desprecian y violentan las diversidades.

Revisando etimologías de culturas y cultivos, aparece colere, que, según podemos leer, se refiere a ‘cultivar’, ‘cuidar’, ‘practicar’ y ‘honrar’. Cultivar es, entonces, cuidar, practicar y honrar. Una de los debates más interesantes del presente está en la problematización de los cuidados, en la denuncia precisa a los descuidos sistemáticos del capitalismo patriarcal y neocolonial al cuidado humano, y del descuido que algunas civilizaciones hacen de la Naturaleza. Hablando de cuidados y agriCulturas, podemos hablar de cuidado de la biodiversidad, cuidado de los suelos, y cuidado de las culturas.

Honrar se vincula, en algunos de sus sentidos, con admirar, estimar y respetar. Somos parte de una cultura que ha despreciado a la Naturaleza. La modernidad colonial y capitalista también distorsiona cómo nos relacionamos con los misterios, con lo desconocido. Y no me refiero a dioses omniscientes y omnipotentes, sino a algo mucho más cercano: el misterio de los cuerpos, el misterio de los microcosmos de la microbiota que nos rodea, en los suelos, en nuestra piel, dentro de nuestro cuerpo.

Agronegocios y agroindustria

Los agronegocios y la agroindustria son la forma capitalista concentrada de producción agraria y alimentaria. El uso de las palabras que hacen es extremadamente transparente: abandonan el término “agri – cultura” sustituyéndolo por “agro – negocios” y “agro – industria”. Son transparentes porque nombran lo que valoran, y dejan de lado lo que desprecian. Dos botones de muestra de la institucionalización de las miradas corporativas, y el abandono de la palabra Agricultura: La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires dicta la Maestría en Agronegocios. Segundo ejemplo: el macrismo no sólo rebajó a Secretaría el Ministerio de Agricultura, sino que le cambió el nombre: Se la llamó “Secretaría de Agroindustria”.

El uso de la palabra “negocio” en agronegocio evidencia el foco en la financiarización, la especulación y el control por parte de las corporaciones. La palabra “industria” va de la mano de una visión de la naturaleza como fuente de recursos de la cual servirse, manipular y extraer. Pensemos, por ejemplo, en la desforestación masiva en Argentina. O en la ganadería: cuando René Descartes en el Siglo XVII decía que los animales funcionaban como máquinas, marcaba un camino a la ganadería industrial que proponen las empresas para este Siglo XXI, esa esclavitud ultra calculada y demente, ese experimento masivo sumamente peligroso.

Sigamos con las palabras. Sebastiao Pinheiro, desde Brasil, aporta dos puntos sobre la palabra “agronegocios”. La primera es la reflexión sobre la etimología de la palabra “negocio”: se trata, literalmente, de la negación del ocio. La mirada productivista hace que el ocio sea visto como desperdicio de recursos, como causa de improductividades imperdonables. Claro que se refieren al ocio de quienes trabajan, no de los patrones… Chaplin mostraba, en Tiempos Modernos, al presidente de la fábrica aburrido en su oficina, armando rompecabezas. En Argentina tienen mucho tiempo disponible quienes especulan en dólares, y también quienes viven de rentas de tierras heredadas, sumadas entusiastamente a los monocultivos de los agronegocios.

El otro aporte de Pinheiro es un neologismo provocador: invita a decir “agronecrocio”. Necro significa, literalmente, muerte, y es precisa la definición: Se trata de una cultura de muerte, con los agrotóxicos biocidas (literalmente “asesinos de vida”) como emblema y centro de las prácticas productivas, y con una genealogía histórica y económica fuertemente imbricada con la industria militar. Y hablando de guerra, ¿sabían que los impulsos de la industria por imponer los comestibles ultraprocesados son posteriores a los desarrollos industriales para el ejército norteamericano en la Segunda Guerra Mundial?

Agroecologías, AgriCulturas y Soberanía Alimentaria

Las luchas por una vida digna, plena, feliz y tranquila en el campo, tienen muchas formas. Hoy, a mi entender, tiene mucha potencia política nombrarlas como Agroecologías, agriCulturas, y Soberanía Alimentaria. Está bueno tomarse el trabajo de precisar los sentidos de estos términos, rodeándolos de palabras y de ideas. Se trata de una tarea política fundamental, sobre todo si pensamos en los intentos de cooptación de la agroecología, vía vaciamiento de contenido político y voluntad transformadora, que están intentando organizaciones como Aacrea y Aapresid, o las empresas semilleras y agrotóxicas, desde CropLife.

La Agroecología con mayor presencia hoy surgió de la reacción a la agricultura industrial de los monocultivos desde mediados del siglo 20. También se planteó como objetivo superar la simplificación reduccionista de la agronomía, que centraba sus prácticas en los insumos químicos. Se planteó, con mucha claridad, un punto central: recuperar los saberes de la ciencia biológica llamada Ecología, para los sistemas agrícolas. Y, además, recuperar los saberes campesinos indígenas ancestrales. Como esto último no quedó en la palabra Agroecología, le quedó un nombre de ciencia. Esto a veces es un problema, que hace que se entienda mal. La agroecología tiene tres caras, como se ha dicho muchas veces: además de ciencia de los sistemas agrícolas, es un conjunto de prácticas agrícolas con foco en lo territorial local, a la vez que un conjunto de movimientos sociales. Y tiene definiciones políticas muy concretas, principalmente contra el reduccionismo de ciertas agronomías, en los ámbitos académicos y educativos, y contra los desarrollos de los agronegocios en los territorios.

Volviendo a las palabras, quería decir algunas cosas sobre producción y cuidados. Los humanos no producimos ni creamos la vida. Los procesos productivos humanos, en las agriculturas, pueden interpretarse como cuidado y en todo caso direccionamiento de algunos procesos de la vida, pero de ninguna manera pueden concebirse como una industria. La voluntad industrial violenta la vida, la manipula para simplificarla. Un ejemplo de esto, como decíamos, es la desforestación para implantar monocultivos. Lo que hacen es servirse de la vida en términos extractivos, y destruir y extraer, desconociendo los tiempos y ritmos y plazos de vida, por ejemplo en fertilidad y vida de los suelos.

Desde la filosofía y la literatura escuchamos una palabra conocida pero descuidada: Habitar. Sin dudas es más abarcadora que existir o ser: habla de los territorios de la vida.

Volviendo a los cuidados. Escuchamos la palabra cuidados, muchas veces, al hablar de cuidados en la salud. Es interesante repensar la agricultura y la alimentación en términos de cuidado de salud, sumado a lo que decíamos antes, de cuidado de diversidades culturales, y de biodiversidad. A mi entender los caminos para transformaciones de la agricultura y la alimentación en el país ya están planteados con claridad en las luchas de las organizaciones populares. Lo que falta es la puesta en marcha del poder transformador y autotransformador de los cuidados de la salud, y de la educación, conectarlos históricamente con las luchas de la agricultura y la alimentación. Y se conecta, entre otras cosas, con palabras, por eso la importancia de esforzarnos en ser claros y en entendernos.

Para un niño o niña traer una plantita a su casa es una decisión que implica cuidados. Así nombra el campesinado, también, al trato con sus animales. La palabra cuidados suena más, incluso, que la palabra producción. Cuando recibió el premio Nobel, José Saramago recordó a sus abuelos maternos que vivían de “la escasez de la pequeña cría de cerdos”. “En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama”. ¿Se les ocurre algo más lejano a las megafactorías de la ganadería industrial que la imagen que nos da Saramago de sus abuelos campesinos?

Esta nota, como decía al principio es para pensar en voz alta. Comparto algunas palabras que me sirven, que escucho y quiero pensar. Dejo acá, y soy todo oídos.

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