Deportes

24 septiembre, 2020

¿Vuelve el fútbol argentino?

“Si las autoridades lo permiten, el fútbol podrá volver en octubre” decía el graph de TyC Sports mientras le hacían una entrevista exclusiva al presidente de la AFA, Claudio el Chiqui Tapia. ¿Qué hay detrás de ese título?

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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Hago un esfuerzo por entender la noticia e incluso para entender al periodismo deportivo que la disfruta como un hallazgo profesional. Hay un win-win en todo esto para los mismos de siempre. Si vuelve el fútbol será una victoria de Tapia, del periodismo y de sus presiones, y si no vuelve la culpa será del presidente, el ministro o de las autoridades políticas que deciden seguir poniéndole freno a la necesidad del pueblo de entretenerse entre tanta angustia.

Pero retrocedamos un poco, desmenucemos el mensaje que hay de fondo. ¿En octubre volveríamos todos y todas a jugar al fútbol? ¿Volverían los picados entre amigos? ¿Abrirían las canchitas? ¿Volverían todas las categorías? ¿Las infantiles, el futsal, el fútbol femenino? ¿Volverían los demás deportes, los clubes, la vida social? ¿Volveríamos los hinchas a alentar a nuestros colores? 

Por supuesto que no. La propuesta de la AFA es solo el regreso del fútbol Profesional, el “importante”, el que mueve una industria y que hoy tiene un mercado parado hace más de seis meses, el que necesita facturar para no quedarse atrás. Si las Ligas importantes ya comenzaron todas entonces “nos estamos quedando afuera del mundo” (¿frase conocida, no?)

Doscientas cuarenta palabras y todavía no hablamos de lo más importante: la pandemia mundial, una enfermedad desconocida que puso en jaque la vida como la conocíamos. Si quisiera ser bien pensado diría que Tapia, la AFA y los dirigentes del fútbol no están atendiendo a la gravedad de la situación, no toman dimensión de las muertes que estamos sufriendo, de no poder despedirnos de nuestras víctimas, de no poder ver a nuestras familias, de la fragilidad del sistema sanitario, de la desesperación y el trabajo descomunal de los trabajadores y trabajadoras de la salud que se enfrentan a la muerte cada vez más en soledad y de la crisis económica que tendremos que afrontar cuando todo esto termine. Lo mejor que se podría pensar de esa gente que maneja nuestro fútbol es que son descuidados, desinformados, ingenuos o torpes. Sin embargo, sus objetivos, pensamientos y deseos son claros e históricos, incluso anteriores al coronavirus.   

No son ingenuos, son tan miserables y tan inescrupulosos que están usando la pandemia como excusa para lograr lo que no pudieron con la gente en la calle, con la gente en las canchas, con el fútbol vivo, sentido y transpirado por millones de personas que no pensamos regalarles un centímetro.

Los partidos se jugarán sin público hasta encontrar la vacuna y se podrán ver por televisión codificada como ya funcionaba desde que Macri suspendió el Fútbol para Todos. El negocio es redondo. ¿Qué apuro tienen ellos de volver a ver las tribunas llenas? Si desde el 2013 se juega sin visitantes y la violencia no se resolvió. Quizá hasta piensan que es una excelente forma de quedarnos sin hinchas y “muerto el perro, se acabó la rabia”.

Este es el verdadero anhelo por el que trabajan hace años estos empresarios de la pelota y ahora simplemente están aprovechando la oportunidad. “Meritócratas” los llaman algunos, “emprendedores” los nombraron otros, y así nos hacen creer que son buena gente. Que se les pague mucho para ver los partidos es el primer paso del sostén de una industria que conocen. De ahí a que los clubes pasen a manos privadas -sus manos- hay un solo paso. Quieren invertir más, pero sólo si las ganancias se las llevan ellos. No están dispuestos a perder, porque este no es un juego para ellos, es su trabajo.

Los clubes eran un costo insostenible incluso antes de la tragedia. ¿La propuesta? La dijo Mauricio Macri un montón de veces: que los grandes se conviertan en marcas multinacionales y los chicos se fusionen o cierren. Los clubes de barrio son útiles como cadenas de gimnasios o para proyectos inmobiliarios de nuestros amigos. El único deporte de élite es el que se autofinancia o el que genera ganancia. Pertenecer, tener un carnet de socio, una identidad barrial, una mística, todo eso pasó de moda, impide el desarrollo, el crecimiento y limita los negocios.

Así piensan y así actúan. No están pensando en vos, en nosotres, en la necesidad de ver fútbol. Están pensando en sus negocios. Hace dos semanas volvió la Copa Libertadores. Hace rato que ya habían iniciado las competencias locales los demás países y los clubes argentinos llegaron sin la preparación suficiente. ¿Qué pasó que nadie reclamó? Si no te gustan mis protocolos, tenemos otros. 

Boca llegó con jugadores contagiados a Paraguay, rompiendo cualquier recomendación médica, y River evitó la altura peruana por una decisión “sanitaria”. Ahí sí escuchamos a los y las especialistas. Ambos recibieron los beneficios de la Conmebol necesarios para acallar las presiones y aceptaron iniciar en silencio, mientras que la AFA tenía sus propios planes. De la misma manera que el gobierno de la Ciudad abrió bares y parques contra toda recomendación de especialistas, la AFA se puso el saco que mejor le queda, el de los empresarios opositores y exigen el comienzo en nombre del negocio pero lo disfrazan de reclamo popular.

Si el objetivo realmente sería volver a jugar, no sería mucho más conveniente un mensaje común con la AFA, los dirigentes de los clubes y los funcionarios nacionales contando cómo volvería el fútbol, con qué cuidados, con qué protocolos y con qué objetivos. ¿No sería lógico que el fútbol vuelva a ser gratuito si la única forma de ver a nuestros equipos sería de manera televisada? No les da vergüenza decir que vuelven por los hinchas, que la gente es la que está desesperada.

¿Cuál es la desesperación que creen que tenemos los hinchas de que vuelva el fútbol con tribunas cerradas? Nos morimos por ver a nuestros equipos y somos capaces de romper todo tipo de protocolo por alentar a nuestros colores, pero el fútbol en silencio no es fútbol. ¿Cómo piensan impedir que las puertas de los estadios desborden de hinchas frente a cada partido? ¿O no saben que frente a partidos importantes vamos a seguir intentando alentar a nuestros equipos aunque sea desde afuera? Seguramente estará la policía bonaerense esperando hambrienta. 

Ahí no se van a escuchar los agoreros anticuarentena pidiendo libertad para salir a la calle, para expresarse. Ahí sí que no hay grieta. Ahí hay un acuerdo, y por eso el funcionario macrista Lugones sigue en su cargo en la Provincia de Buenos Aires a pesar de los reclamos por maltrato, violencia y abuso. El trabajo es el mismo, no tiene ideología y Lugones -junto a Berni- lo entendieron bien: reprimir y proteger la propiedad.

Hay algo para decirles: el fútbol no es su propiedad y los clubes tampoco. Podrán aprovechar una pandemia para ganar terreno, podrán imaginar un fútbol sin hinchas, con entradas caras compradas por ticketek, con el público sentado como si fuese el Teatro Colón, con Sociedades Anónimas que organicen los eventos deportivos y se lleven los dividendos. Pero todo eso seguirá siendo parte de su propia imaginación. Porque en el peor momento de nuestro pueblo los que abrieron las puertas y pusieron el cuerpo fueron los clubes. Porque si algo aprendimos con esta tragedia es que la salida es colectiva y porque cuando nuestros clubes nos necesiten, allí estaremos. 

Es posible que el fútbol vuelva en octubre, pero será el fútbol de ellos, el que no tiene alma, el que se compra y se vende. El fútbol argentino, el de todos y todas, el que nos apasiona y enamora va a volver cuando se encuentre la vacuna, cuando dejemos atrás esta tragedia y nuestro pueblo pueda volver a sonreir sin barbijos, pueda volver a abrazarse con desconocides y pueda volver a gritar un gol sin ningún distanciamiento social.

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