Batalla de Ideas

4 octubre, 2020

Cuesta abajo: los efectos sociales de la pandemia en Argentina

El Indec dio a conocer los números del mercado de trabajo y de distribución del ingreso del segundo trimestre de este año, allí se reflejan los datos más duros del aislamiento social preventivo y obligatorio.

María Cecilia Iselli* y Ariel Farías**

@MCIselli y FariasArielH

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En esos tres meses se concentra el mayor parate de la actividad económica producto de la pandemia y su consecuente impacto en los indicadores laborales. La caída de la actividad fue récord histórico 38,4% (unos 9,3 puntos menos que el mismo trimestre del año anterior). La tasa de actividad es probablemente la más baja de la historia de la estadística socio-laboral argentina -la forma en que se mide desde el año 2003 la capta más adecuadamente que en los relevamientos previos-. Asimismo, en estos datos se encuentran la magnitud del incremento de la pobreza que deja a cerca de la mitad de la población por debajo de la línea.

Por otro lado, se produjo una caída similar de la tasa de empleo que pasó del 42,6% en el IIT2019 al 33,4% en el IIT2020. El único dato comparable con el de este trimestre es el de mayo de 2002, post crisis de 2001 y salida de la convertibilidad. Es decir, para mensurar la magnitud de estos datos nos tenemos que remontar al momento de crisis social más aguda de la historia argentina. Los datos eran esperables, pero no dejan de reflejar una situación acuciante que tendrá que enfrentar el gobierno en lo que queda de este año y el que viene.

Esta caída histórica de la actividad y del empleo debe incluirse en el análisis de los indicadores que suelen reflejar situaciones de mayor vulnerabilidad: la desocupación, la subocupación, la ocupación demandante, o el no registro. Muchas de las personas que se encontraban en esa situación fueron las que menores posibilidades tuvieron para conservar sus puestos.

A su vez, el parate de la circulación sumó impedimentos para la búsqueda de trabajos en la economía informal. En este sentido, gran parte de esta población fue contabilizada como inactiva, y dado que los indicadores mencionados se calculan sobre la población activa, en una mirada que no tenga en cuenta a quienes fueron expulsados del mercado de trabajo el deterioro podría parecer menor al realmente existente.

¿Pero quiénes fueron expulsados de la actividad? En términos relativos fueron les asalariades no registrades (curiosamente el nivel de no registro es el más bajo en varias décadas por este motivo) y les cuentapropistas. Al observar la calificación fueron les trabajadores con calificación operativa o no calificades. Cuando vemos la rama, las mayores caídas fueron en construcción, comercio, hoteles y restaurantes, y servicio doméstico. En síntesis, el efecto de expulsión se dio con mayor virulencia en la periferia precaria.

Dentro de la población activa el indicador más alarmante fue el del desempleo que alcanzó el 13,1%, el dato más alto desde el 3° trimestre del 2004. Cabe destacar que, si bien la tasa de desempleo creció relativamente poco en comparación con la caída del nivel de actividad y del empleo del periodo, hay que tener en cuenta los datos mencionados previamente para tener una magnitud más amplia del problema. La reducción de la cantidad de personas con empleo no se condice con la cantidad de personas desocupadas. Parte de esto encuentra explicación en el aumento de la tasa de inactivos marginales, quienes no buscan empleo, pero estaban disponibles para trabajar. Este indicador alcanzó el 4,6% mientras que en el mismo trimestre del año anterior este grupo fue del 0,7%. Esto refleja que muchas de las personas que quedaron desempleadas no buscaron un nuevo trabajo.

Por otra parte, la presión sobre el mercado de trabajo se redujo 4,1 puntos porcentuales para igual periodo del año anterior, algo paradójico si tenemos en cuenta el aumento del desempleo y el fuerte deterioro de los ingresos, por reducciones de salarios y falta de paritarias. Esto se debe a que la presión que ejercían los ocupados demandantes se deterioró fuertemente y cayó 6,7 puntos. Este fenómeno se explica en principio porque al estar parada la actividad no hay ofertas de empleo y esto desincentiva la búsqueda. Por otra parte, garantizar las tareas de cuidado hizo que muchas personas no puedan continuar en sus empleos, buscar trabajo o demandar más horas para complementar ingresos. Pero esto está latente, si bien no se manifiesta hoy en un incremento de la tasa de desempleo, hay una cantidad mayor de personas con problemas de empleo oculta en la inactividad.

También, si desagregamos el indicador de desocupación podemos ver que los porcentajes más altos se encuentran en la población de 14 a 29 años, y dentro de este grupo las mujeres tienen el mayor incremento. La desocupación de las mujeres jóvenes es del 28,5%, fue 5,1 puntos más alto que el mismo periodo del año anterior, le sigue el de los varones jóvenes que se ubicó en 22,7% lo que representa un crecimiento de 4,1 puntos en relación al mismo periodo del año anterior. Este correlato se expresa en los índices de pobreza para este grupo se ubicó en el 49,6% y fue el de mayor crecimiento con relación al semestre anterior (7,1 p.p.). En el grupo de 30 a 64 años el de mayor crecimiento fue el de los varones que alcanzó el 10% y superó el nivel de desempleo de las mujeres del mismo grupo que creció al 9,1%.

Cabe destacar que, dentro de la población desocupada, la actividad más afectada fue el resto de las ramas que incluye actividades primarias, hoteles y restaurantes, transporte, almacenamiento y comunicaciones, servicios comunitarios, sociales y personales entre otros. La conformación del porcentaje del 13,1% se puede desagregar en  4,5% para el resto de ramas (es el rubro de más aumentó +1,54% i.a), le sigue en importancia construcción que concentra el 2,5% (+0,58p.p i.a.), el servicio doméstico que participa con el 1,8%(es el segundo incremento de importancia +0,7 p.p. i.a) y otro de los rubros que tuvo incremento fue el de industria manufacturera que participa con el 1,5% (+0,58 p.p i.a.) el resto de rubros tuvo incremento marginal e incluso valores más bajos que el mismo trimestre que el año anterior.

La situación de las mujeres en las crisis

La inserción de las mujeres en el mundo del trabajo históricamente ha sido mucho más frágil que la de los varones, tienen mayores niveles de informalidad, de trabajo parcial, mayores tasas de desempleo y salarios más bajos. Esto configura una situación para que en tiempos de crisis se vean mucho más afectadas. En este sentido los datos del segundo trimestre a simple vista no reflejan una situación más gravosa, pero si se amplía el marco de análisis podremos encontrar donde se está expresando esta situación.

En primera instancia, hay que destacar que uno de los rubros donde más se contrajo la actividad y aumentó el desempleo fue en el de servicio doméstico, un rubro fuertemente feminizado donde las mujeres tienen una participación del 95% y donde los grados de informalidad son cercanos al 75%. En este rubro las medidas como prohibiciones de despidos no son efectivas debido a la informalidad y, por otro lado, muchas de las que conservaron su trabajo no percibieron sus ingresos en el periodo de pandemia.

En una segunda instancia, como se mencionó anteriormente, se encuentra el grupo de mujeres jóvenes que es la que lidera el porcentaje de mayor incremento en el índice de desempleo con un incremento de 5,1 p.p. para el mismo periodo del año anterior.

Otra de las cuestiones que subyacen son las tareas de cuidados, si bien hay regulación que brinda licencias para esto solo rigen para el mercado formal, donde las mujeres tienen participación más baja. Si tenemos en cuenta que las mujeres son las que mayormente ejercen las tareas de cuidado es muy probable que si fueron despedidas no estén en condiciones de poder buscar otro empleo, por tanto, esto no se refleja en la tasa de desempleo, pero podría explicar el fuerte aumento de los inactivos marginales. Asimismo, esto también podría ocurrir en el segmento de ocupados demandantes, ya que tampoco podrían aumentar horas o buscar nuevos empleos.

Esto se corrobora si se analizan los ingresos no laborales, en el segundo semestre del año 2020 los ingresos laborales de las mujeres perdieron participación para igual periodo del año anterior en los primeros 8 deciles.

Cabe destacar, la importancia que han tenido los planes de ayuda en la vida de las mujeres, ya que en este marco sin los subsidios estatales una gran parte de ellas se hubieran quedado sin ingresos o con una disminución importante. De hecho, si miramos los números de las nuevas personas que no tienen ingresos, el porcentaje de varones tuvo un incremento de 7 p.p., pero el de las mujeres 4 p.p. más para el mismo periodo. Es por esto que es más que necesario que los planes de ayuda como el IFE se extiendan en el tiempo, ya que esto puede consolidar un piso de derechos para una población vulnerable y para valorizar y retribuir las tareas domésticas y de cuidados.

¿Cómo afectó la caída del empleo a los ingresos?

El efecto de la pandemia sobre la estructura socio-laboral que describimos previamente, tiene un correlato en la distribución del ingreso, particularmente sobre las fracciones con inserciones más precarias dentro de la clase trabajadora.

Al analizar la evolución interanual de la masa de ingresos totales de la población, se observa que fue de alrededor de un 22%, mientras que la inflación interanual fue de alrededor del 43%. Es decir que se produjo, como efecto de la pandemia, un intenso empobrecimiento de todos los sectores sociales. Pero este proceso, ¿afectó a todes por igual? ¿Qué sucedió con el ingreso de las y los trabajadores?

Cuando observamos qué pasó con los ingresos de la ocupación principal, se evidencia que el deterioro fue aún más agudo, el incremento fue de tan sólo un 13% entre el segundo trimestre de 2020 y el de 2019. Esta drástica pérdida de ingresos estuvo vinculada a la caída histórica que tuvo la tasa de empleo. Hace un año, alrededor de 11,7 millones de personas, del total de aglomerados relevados, habían obtenido ingresos a partir de su ocupación, en este segundo trimestre, poco más de 9 millones lo hicieron.

En tanto que otro dato relevante está vinculado a la desigualdad de ingresos. Como mencionamos previamente, la pandemia afectó de forma diferencial a los sectores más vulnerables insertos en la periferia precaria de la estructura del empleo. Esto se expresó en los indicadores que reflejan la desigualdad del ingreso. Hace un año el 10% más rico ganaba 20 veces más que el decil más pobre, con la pandemia esa diferencia pasó a ser de 25 veces.

Lo que atenúa este panorama trágico es que contamos hoy con un conjunto de políticas de transferencia de ingresos que no existían hace 20 o 30 años. Si estuviéramos en esa situación probablemente el porcentaje de la población bajo la línea de pobreza sería mucho mayor que el 40,9% publicado el 30 de septiembre. Según el informe Impacto del Ingreso Familiar de Emergencia en la pobreza, la indigencia y la desigualdad sólo contando el IFE se reducen alrededor de 8 p.p. de la incidencia de la pobreza y 10 p.p. de la indigencia.

Asimismo, probablemente una parte importante de este deterioro sea coyuntural, pero muchos entramados laborales informales no se van a recuperar. Finalmente, estos datos refieren al total de aglomerados urbanos relevados por la EPH -alrededor del 63% de la población-. Es probable que en las ciudades más chicas o el sector rural el impacto puede que no haya sido de esta magnitud.

Con todo, estos datos reflejan una situación realmente crítica para quienes viven de su trabajo y márgenes acotados para estrategias políticas tibias. Quizás este momento límite permita pensar en otras formas más humanas de organizar la vida, de distribuir la riqueza y de gestionar los medios a partir de los cuales se crea.

*Licenciada en economía, integrante de @estatalesdepie
**Licenciado en Sociología, Magíster en Ciencias Sociales del Trabajo, integrante de @estatalesdepie

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