Géneros

14 octubre, 2020

Día de la mujer rural: pañuelazo violeta contra la violencia machista

Este día fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidades en 2007 para reconocer la decisiva contribución de las mujeres rurales e indígenas en el desarrollo rural y la producción de alimentos. En este marco las organizaciones campesinas se unen para visibilizar las desigualdades y la violencia de género en el campo.

Florencia Trentini

@ositewok

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Entre los organismos internacionales y los territorios

Históricamente las desigualdades de género naturalizadas construyeron la idea de que el lugar de las mujeres era “lo privado”, los hogares, las cocinas y también los huertos. Así, mientras se las nombraba como guardianas de la naturaleza, de las semillas y de los alimentos, se las alejaba de la política y de lo público. Sin embargo, las mujeres rurales, las campesinas, las productoras, las indígenas hicieron de su hacer cotidiano política, levantaron su voz contra el hambre, pusieron sus cuerpos frente a las topadoras para frenar los desmontes, se organizaron para defender sus territorios y su modos de vida.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 2019, calcula que las mujeres rurales representan una cuarta parte de la población mundial y son el 41% de la fuerza de trabajo agrícola en el mundo. Además sostiene que en comparación con los hombres y con las mujeres de las ciudades, tienen menos probabilidades de encontrar empleo asalariado, y cuando lo hacen ganan mucho menos que los varones. En promedio estiman que perciben un 25% menos que los hombres, trabajando más horas.

En ese mismo informe se destaca que las mujeres rurales son particularmente vulnerables al acoso y la violencia de género. Y se hace hincapié en la reducida presencia que tienen en las organizaciones de trabajadores, impidiendo su representación en la elaboración de políticas y programas que permitan dar visibilidad a las problemáticas que sufren cotidianamente.

Recién en el 2007, Naciones Unidas reconoció la importante contribución que realizan al desarrollo y la producción de alimentos, y declaró al 15 de octubre: Día Internacional de las Mujeres Rurales. Cada año la ONU trabaja el día a partir de un tema, en 2019 fue “Mujeres y niñas rurales, creadoras de resiliencia climática”. Este año el eje esta puesto en “Construir la resiliencia de las mujeres rurales a raíz del COVID-19”.

Resiliencia es una palabra que la ONU suele repetir cuando habla de mujeres rurales, sin embargo ellas hablan de lucha, de resistencia. Más que adaptarse positivamente, han disputado sentidos y representaciones sobre lo que son y lo que hacen, y se organizaron para visibilizar las violencias y las desigualdades que sufren en los territorios, con el objetivo de terminar con el machismo y el patriarcado.

Violencia machista en zonas rurales

Las distintas organizaciones campesinas de Argentina decidieron conmemorar la fecha en unidad, organizadas para decirle “basta a la violencia machista, al maltrato y los abusos”. La propuesta, que llevan adelante desde el MTE Rural (Movimiento de Trabajadores Excluidos), la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra), el Frente Agrario Evita, el MNCI (Movimiento Nacional Campesino Indígena-Vía Campesina) y la UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular), es la realización de un “Pañuelazo Violeta” en todos los territorios, hogares y lugares de trabajo como signo de protesta contra la violencia machista, publicando las fotos en las redes sociales.

Esta fecha llega una semana después del femicidio de Roxana Mazala, productora hortícola de Jujuy y militante feminista, a manos de su marido. Roxana ya tenía una denuncia por violencia de género y el día previo a su asesinato había marchado para pedir justicia por los femicidios y desapariciones de mujeres en Jujuy. Cinco feminicidios ocurrieron en tan solo un mes en esta provincia.

Esta situación puso sobre la mesa una problemática que no es nueva. Un comunicado elaborado por las organizaciones campesinas sostiene que: “En el campo, muchas veces más que en la ciudad, las mujeres somos víctimas de una cultura patriarcal que naturaliza la violencia hacia las mujeres. Vivimos muy distantes unas de las otras y nos encontramos aisladas a la hora de pedir ayuda. Todas conocemos a una mujer que es maltratada o sufre abusos, o hemos sido víctimas en algún momento, y la pandemia no ha hecho más que recrudecer esta situación”.

Ese mismo comunicado destaca como un problema central que “No podemos disponer de nuestro dinero y esa es la principal razón para seguir conviviendo con el agresor”. Además muestra el limitado acceso a la justicia en estos territorios: “Hacer denuncias en la ruralidad es casi imposible y, cuando accedemos, la justicia es ineficiente, no nos escuchan y nos hacen sentir culpables por querer denunciar”.

En diálogo con Notas, Janet Choque Gutierrez, promotora de género e integrante del área de género del MTE Rural, explicó lo difícil que es abordar las desigualdades y violencias en el sector rural. “Yo vengo de una familia agricultora y migrante, y durante mucho tiempo ha naturalizado mucha de esa violencia que vivía. Cuando empezamos con las capacitaciones me di cuenta que no era así, y que podíamos hacer más que el rol del cuidado, que podíamos ocupar lugares de decisión” sostuvo mostrando el cambio que implica empezar a pensar las quintas con una perspectiva de género.

Asimismo, explicó como los espacios de capacitación permiten que muchos varones empiecen a cuestionar esas masculinidades tan arraigadas en lo rural. “El año pasado se capacitaron compañeros y eso está buenísimo, es un factor muy importante, porque se interesan por cambiar esa construcción de la masculinidad, se animan y así todos y todas podemos cambiar y hacer caer el patriarcado”, concluyó.

Uno podría pensar que las situaciones que se viven en la ruralidad no son distintas a las que vivimos las mujeres de las ciudades, que las violencias, las desigualdades económicas, las sufrimos todas, en todo lado. Sin embargo el feminismo popular nos enseña la importancia de la mirada situada e interseccional, nos enseña que no es lo mismo ser blancas, vivir en las ciudades, que ser migrantes, indígenas y vivir en el campo.

Pero también nos enseña que las redes compañeras que podemos tejer no conocen diferencias entre el campo y la ciudad. Por eso hoy todas decimos #NiUnaMenos y #VivasYLibresNosQueremos en todos los espacios y territorios en los que nos toca pelear día a día para terminar con la violencia machista.

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