El Mundo

22 octubre, 2020

“Somos MAS”, el grito que retumbó en todos los rincones de Bolivia

Esta victoria de la democracia contra la dictadura fascista en Bolivia es un duro golpe contra la ultraderecha continental, pero también es un reto que pondrá a prueba la capacidad de aprendizaje de los gobiernos populares.

Daniel Pérez Quintana*

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A la medianoche del domingo 18 de octubre los resultados preliminares eran innegables, el Movimiento Al Socialismo (MAS) había conseguido el 52.4% y una diferencia de más de 20 puntos respecto del segundo candidato, el neoliberal Carlos Mesa. Una victoria indiscutible que renueva las esperanzas de millones de ciudadanas/os que fueron objeto de persecución, estigmatización y humillación en los últimos 11 meses por parte de ese sector de poder económico que, en alianza con un núcleo duro del catolicismo, ingresó con la biblia en la mano al congreso y con la Wiphala envuelta en fuego, como en los años de la conquista en los que la espada y la cruz fueron las armas en contra de los pueblos originarios.

Pero como entonces, la resistencia del pueblo no se hizo esperar, esa resistencia de 528 años estuvo presente también en los oscuros 11 meses que antecedieron a la jornada de este domingo, no solo con las masivas movilizaciones desde el minuto uno del golpe de Estado, sino también con la organización, los debates y los acuerdos tanto en la base como en la dirigencia que trazaron el camino para la victoria actual.

Los resultados a boca de urna le cerraron la boca a más de uno, empezando por los mismos golpistas en cabeza de Añez y de aquellos que participaron promoviendo y ejecutando acciones fascistas, misóginas y aporofóbicas en contra de las mayorías populares, como el señor Luis Camacho y su secta, el Comité Cívico de Santa Cruz. Pero también le cerraron la boca al Grupo de Lima y a la OEA, esos que legitiman el golpe de Estado basados en el engaño del fraude electoral, una farsa que desde junio quedó en evidencia tras la publicación de los resultados del estudio de la Social Science Research Network  (SSRN), una entidad científica dedicada a investigaciones sobre ciencias sociales y de humanidades de Estados Unidos, en la cual se dice que la auditoría que realizó la OEA a las elecciones de Bolivia fue profundamente defectuosa y que no existió prueba alguna de fraude electoral .

Esta victoria contra la dictadura fascista en Bolivia es un duro golpe contra la ultraderecha continental, pero también es un reto que pondrá a prueba la capacidad de aprendizaje de los gobiernos populares, aprendizaje no solo de los procesos internos, sino también del espejo que han sido los casos de Ecuador, Brasil, Argentina y del sistemático acoso político, económico y militar al que está expuesta Venezuela.

¿Y lo que viene? 

Lo que le espera en los próximos meses a la fórmula Arce-Choquehuanca, al MAS y al pueblo de Bolivia en materia de política internacional, es la continuación de la injerencia imperialista de Estados Unidos en los asuntos internos a través de la ya conocida guerra de amplio espectro. El fracaso del golpe de Estado llevará al imperio de manera inminente a usar las conocidas tácticas de desestabilización múltiple como lo han venido realizando en Venezuela desde la asunción de Chavismo. 

Carlos Lanz, histórico militante e investigador de las modalidades de asedio a Venezuela, desaparecido desde el 8 de agosto, plantea que el concepto de dominación de espectro completo tiene “uno de sus aprendizajes más relevante… en la aplicación simultánea y sin tregua de mecanismos variados que tiendan a confundir y a la vez a producir resultados combinados mientras agotan, en principio, las fuerzas físicas y morales del enemigo” . Ese es el tratamiento que se puede esperar por parte de EEUU frente a quienes son poseedores de las mayores reservas de litio del continente y que se han declarado soberanos y dignos ante los intereses expoliadores del norte. Este proceso, al igual que en Venezuela, tendrá como punta de lanza a alguno de los países que se encuentran en la órbita de EEUU, con lo cual, es posible que aumenten las tensiones regionales, particularmente con Brasil, con quien comparte una frontera de más de 3.400 kilómetros, siendo la más extensa dentro de los límites fronterizos. Enfrentar dicho contexto dependerá, entre otras cosas, de las decisiones que se tomen próximamente en materia de política interna.

La contundente victoria del MAS es un llamado a profundizar el proceso que traían Evo Morales y Álvaro García Linera. Para ello, es urgente y necesario reestructurar las fuerzas policiales y militares, realizando el debido proceso jurídico a los mandos que participaron en el golpe de Estado, así como a las “autoridades” civiles que promovieron y ejecutaron la ruptura de la democracia. Acá no se trata de revanchismo, sino de un proceso mínimo de justicia para los responsables de la anulación del orden constitucional y de crímenes de lesa humanidad. La amplia votación del domingo le permitirá al MAS tener las mayorías parlamentarias en las dos cámaras de la Asamblea Plurinacional para legislar en este camino.

Aunque la derecha esté dividida es de esperar que no se conformen con la pasiva aceptación de los resultados electorales. No lo hicieron en 2019, y seguramente no lo harán ahora, aunque las acciones de los últimos 11 meses y los resultados del domingo la hayan dejado muy debilitada. El contexto económico actual, aunque es responsabilidad de la mala gestión de Añez en el marco de la pandemia que llevó al país a tener una caída del PIB de -11%, uno de los más grandes de la región, según el Instituto Nacional de Estadística INE , puede ser la base de los próximos ataques al gobierno del MAS que tendrá en la recuperación económica uno de los principales retos en el corto y mediano plazo.

Otro faro para el continente

La victoria del MAS en Bolivia, las jornadas de protesta en Chile y la movilización de la Minga del Suroccidente hacia la capital de Colombia son tres hechos que de manera simultánea golpean a las derechas más retardatarias del continente. La dignidad de los pueblos Mapuches, la resistencia de los Quechua y Aymara, la inclaudicable valentía de los Paezes, Guambianos, Yanaconas y demás pueblos indígenas del suroccidente de Colombia, nos recuerdan que hay que volver a las raíces para construir un mejor futuro. Estos pueblos originarios junto a las y los [email protected], trabajadores y estudiantes han demostrado que la unidad de los sectores populares es la clave para construir la gran muralla contra el neoliberalismo y de las transformaciones necesarias que involucren otro modelo económico y social. 

Hoy Bolivia es ese otro faro que, junto a la eterna Cuba y la persistente Venezuela, guiarán los pasos iniciados por Bolívar, Sucre, Bartolina Sisa, San Martín y tantos otros y otras que han precedido a quienes hoy levantan las banderas de la soberanía, la independencia y la integración regional. Hoy nuestros corazones y nuestros puños en alto gritan al unísono, junto al pueblo de Bolivia “Somos MAS”.

*Integrante de Marcha Patriótica Capítulo Argentina

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