El Mundo

23 octubre, 2020

Chile a las urnas, América Latina en disputa

El plebiscito constitucional en Chile, junto con las elecciones en Bolivia, son hechos que configurarán la fisonomía de la región de cara al futuro. Con un resultado electoral que superó las expectativas del Movimiento al Socialismo, resta preguntarnos qué panorama latinoamericano quedará hacia fin de año de imponerse el Apruebo y la Convención Constituyente con una alta participación. ¿Qué se vota el domingo en Chile? ¿Qué repercusiones tendrá en América Latina y el Caribe?

Fernando Toyos

@fertoyos

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Por su parte, el domingo 25 las chilenas y los chilenos acudirán a las urnas para decidir si la constitución pinochetista -una paradójica ley fundamental sancionada por una dictadura, con el Congreso clausurado- pasará a ser reformada o no. Con todos los sondeos indicando una clara preferencia por el “Apruebo”, la discusión parece centrarse en el mecanismo a establecerse: del plebiscito también emanará la opción entre una “Convención Constituyente” -con el 100% de sus representantes elegides especialmente para este proceso- o una “Convención Mixta” que incluya legisladores actualmente en el cargo.

Considerando que todas las modificaciones deben ser aprobadas con un acuerdo de dos tercios -lo que, dicho de otro modo, implica una capacidad de veto del 33% más uno- la Convención Constituyente es la preferencia de quienes tomaron las calles chilenas un año atrás. En lo sustantivo, los sectores movilizados plantean que la Convención Constituyente es el mejor instrumento para transformar ciertos ejes sustanciales del modelo chileno, entre los cuales se encuentran el régimen previsional privado, y el arancelamiento de las universidades y la salud públicas. El “modelo chileno”, tan caro a la derecha regional y los medios hegemónicos, se expresa en unos haberes jubilatorios que -en promedio- representan alrededor del 40% del salario que se percibía en actividad, entre otros rasgos profundamente regresivos. Eso sí: las fuerzas armadas y Carabineros -que preservaron para sí mismas el sistema estatal- tienen jubilaciones en torno al 75% de su último salario. 

La elección del domingo, entonces, se dirimirá entre el instrumento a utilizarse para el proceso constituyente, pero también será un termómetro del clima social allende la cordillera: en un país que elige presidentas y presidentes con el 40-50% de participación electoral, una votación masiva en el plebiscito de entrada -optativo- podría expresar que la fuerza social que le impuso la reforma constitucional al gobierno neoliberal de Piñera sigue activa, a pesar de que la pandemia haya moderado su presencia callejera. 

A diferencia de los procesos constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, el plebiscito del domingo constituye una concesión del gobierno chileno frente a una movilización social que pulverizó sus niveles de apoyo. Como se desplegó en la introducción de un podcast al respecto, a cargo de Lincoyan Painecura -magíster en sociología y docente de la Universidad Católica de Temuco- no puede entenderse el proceso constituyente sin las movilizaciones iniciadas el 18 de octubre de 2019. Del mismo modo, el devenir de este proceso estará íntimamente ligado a la capacidad de presión popular en las calles. Más allá de la concesión hecha por Piñera, las clases dominantes chilenas no estarán dispuestas a ceder de buen grado las llaves de un modelo económico hecho a su medida. 

Al momento de conversar con Marco Teruggi respecto de las elecciones en Bolivia, se señaló la importancia que tendrían estos comicios -junto al plebiscito chileno- a la hora de delinear lo que sería la foto de la región de cara al futuro. Con un resultado electoral que superó las expectativas del Movimiento al Socialismo, resta preguntarnos qué panorama latinoamericano quedará hacia fin de año de imponerse el Apruebo y la Convención Constituyente con una alta participación.

Conviene tener en cuenta que, mientras se desarrollan estos procesos -cada cual con su propia temporalidad y, a la vez, en cierta sintonía con el panorama regional- la oposición referenciada con el expresidente Rafael Correa se hace fuerte en Ecuador mientras se acercan las elecciones presidenciales en Estados Unidos y las legislativas en Venezuela. A la vez, el gobierno de Alberto Fernández enfrenta fuertes presiones devaluatorias por parte de los sectores concentrados de la burguesía pampeana, que se suman al desgaste por la extensión de la cuarentena. La gestión sanitaria parece estar surtiendo efecto en el área metropolitana de Buenos Aires, que lleva ya siete semanas de descenso en los contagios, sin embargo, la activación de múltiples focos de contagio empuja las cifras nacionales hacia valores récord. 

Como señaló Álvaro García Linera en una entrevista reciente, los resultados en Bolivia dan cuenta de que la región continúa atravesando un escenario de “empate catastrófico”, entre las fuerzas progresistas y de izquierda, y las fuerzas neoliberales. El rápido retroceso que sufrieron estas últimas en Bolivia da cuenta de la fortaleza del proceso de cambio instalado allí, anclado en el bloque subalterno de lxs trabajadores, campesinos, mineros, pueblos originarios, sectores medios progresistas, estudiantes, etc. El sociólogo y ex vicepresidente, derrocado por el golpe de Estado, también sostuvo que el bloque conservador carece de un proyecto propio, al decir que:

“Las fuerzas conservadores lo que hacen es simplemente agarrar lo viejo y endurecerlo. Le añaden un poco más de autoritarismo, un poco más de racismo, una dosis de odio, una de rencor, otra de violencia. Eso no es un proyecto, eso te sirve para un rato, pero no para generar una convicción duradera del horizonte predictivo que tenemos las personas”.

En este contexto de polarización regional, el espacio para posiciones intermedias parece hacerse cada vez más angosto, como lo muestra la virulencia opositora frente a los moderados avances en la redistribución del ingreso que propuso el gobierno argentino. En este sentido, propuestas que pongan en discusión las formas de producción y distribución de los recursos -como el Proyecto Artigas, que tomó estado público hace pocos días- pueden marcar una salida frente a la crisis que viven los pueblos de América Latina. 

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