Nacionales

25 octubre, 2020

Crónica de una usurpación: como Luis Etchevehere se robó hasta el pozo de agua del pueblo

El paraje El Quebracho linda con el campo en disputa entre los hermanos Etchevehere y el Proyecto Artigas. El reclamo de los vecinos y vecinas es contundente: quieren la devolución de las tierras que la familia robó a la escuela, incluida la fuente de agua que usaban sus habitantes. Lejos de los centros urbanos, la ley son los terratenientes.

Crédito: Bárbara Leiva

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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Mientras las luces, los flashes y las cámaras se posaban en la puerta de la Casa Nueva en Santa Elena, Entre Ríos, atendiendo a una pelea entre los hermanos Etchevehere que reclaman una herencia, un grupo de estudiantes del Colegio Agrotécnico Nº 151 colgaban una bandera. Allí le pedían a Luis, el ex ministro de Agricultura de Mauricio Macri que devolviera las 80 hectáreas que le quitó a la escuela sin papeles que lo acrediten.

Luego que la policía los amedrentara, los pibes asustados se fueron bastante rápido pero no iba a ser muy difícil encontrarlos. Con el equipo de Notas retrocedimos unos kilómetros por la ruta que habíamos venido y nos reencontramos con un paraje al que pocos le prestán atención.

Después de dejar el auto a la vera de la ruta y bajar por la calle de tierra que nos ingresaba a El Quebracho nos dimos cuenta que detrás de la disputa por la herencia de una familia tradicional lo que había escondido era un pueblo olvidado, un terrateniente que se cree más poderoso que el Estado y una desidia política que por acuerdo o por miedo nunca le puso un freno.

Con la mayor amabilidad y hospitalidad, los vecinos y vecinas se sinceraban con el micrófono apagado, pero quizá por susto, quizá por respeto al poder, quizá por sentirse insignificantes o incluso quizá por un poco de todo eso preferían no dar testimonio público. En todas las casas se repetía el mismo discurso: “Fue tomando de a pedazos sin pedir permiso y sin que nadie se diera cuenta”, “desde que se quedó con las tierras del viejo frigorífico no hay trabajo para nadie si ni siquiera sabemos qué produce”, “Casi que no tiene peones trabajando”. 

Cuando encontramos a los chicos que habían colgado la bandera también sentimos el susto y el respeto, pero al mismo tiempo la rebeldía juvenil que les había dado fuerza para generar una pregunta que nadie se hacía. Lo contaron como una travesura sin mucho sentido, pero en el fondo sabían muy bien lo que estaban haciendo. Aprovecharon la visita de los grandes medios para ver si por una vez podían contar sus problemas.

Crédito: Bárbara Leiva

Después de los alumnos nos encontramos con un ex profesor que si bien vive en Santa Elena, estaba visitando al padre que vivía en el paraje. “La buena gente le molesta que una persona con poder, por ser dueña de tierras nos diga yo planto un palo de acá a allá y esto es mío ahora”, dijo el padre del docente. Luego el hijo explicó nuevamente como fue que Etchevehere se quedó con esas tierras, como las fue ocupando de a poco y como eso fue influyendo en cada vez menos trabajo para la gente del barrio, peor educación para los chicos de la agrotécnica y finalmente confirmó lo que habian anunciado otras casas: “En esas 80 hectáreas que eran del colegio estaba el pozo de donde sacábamos el agua para darle de beber a los chicos”. 

“Durante años tomamos agua sucia hasta que pudimos construir un nuevo pozo”, nos había relatado una joven madre de unos 20 años que estudia para maestra luego de graduarse de aquella escuela rural.

Difícil de saber cuánto puede haber cambiado el patrimonio de una de las familias más ricas del país con esta movida pero sí estaba claro lo que le estaba arruinando la vida y el desarrollo sustentable a estas 80 familias que sin trabajo, sin educación y sin condiciones de sanidad era imposible que se abrieran camino por su cuenta.

Teníamos que salir de aquel paraje olvidado y volver al conflicto que nos había llevado hasta allí. El tractor y un camión cortando el acceso a la Nueva Casa, un montón de productores que iban llegando para defender la propiedad privada, más de una decena de autos con militantes del Proyecto Artigas intentando ingresar con alimentos y herramientas para abastecer a los que estaban adentro junto a Dolores. Además una policía muy inoperante que estaba entre la espada y la pared: hacer lo que ordenaba la justicia o responder con fidelidad al patrón que tiene más poder que el propio Estado.

Sin embargo había un dato que llamaba la atención de aquello que habíamos visto. No solo había un consenso de desprecio hacia Luis Miguel Etchevehere a pesar de que el ex funcionario dijera lo contrario en los medios. El otro gran consenso era la luz de esperanza que generaba lo que estaba pasando.

Crédito: Bárbara Leiva

“Sigo al proyecto Artigas en instagram y ya les escribi para pedirles que nos devuelvan las tierras de la escuela. Con eso el barrio se conforma”, dijo la joven ya egresada del agrotécnico con su hijito en brazos. “Que le den trabajo a los jóvenes que estudian en la escuela. Algunos de nosotros ya somos viejos, pero los chicos necesitan tener una salida laboral”, añadió su madre.

Había claridad entre los vecinos y vecinas de que detrás de la pelea había una posibilidad. Que Dolores cumpla con los compromisos que había asumido públicamente. “Si existe una sola chance de que el agrotécnico recupere sus tierras es si Dolores Etchevehere gana la pelea”, dijo el ex profesor que redobló la apuesta: “No es difícil que gane porque tiene el apoyo de la gente”.

La confianza de aquel paraje El Quebracho de que las cosas podían ser mejores es sorprendente. Mientras luchan contra el abandono, la dejadez, el olvido y la desidia mantienen la esperanza. El Proyecto Artigas, la pelea pública de Dolores y la presencia de organizaciones políticas les había devuelto los sueños. 

Nuestro país está lleno de parajes a la vera de tierras usurpadas por grandes terratenientes. Lugares donde todavía el analfabetismo es la regla, la changa la excepción y el subsidio la única salida. Pero hay uno con 80 familias que tuvo la suerte de tener de vecinos a Dolores Etchevehere y el Proyecto Artigas.

Así, detrás de la victoria de Dolores no solo está la reparación histórica de una familia separada por la codicia, dividida por la avidez despiadada y atravesada por la violencia de género. Con el triunfo de Dolores y del Proyecto Artigas, se puede restituir el futuro en el paraje y devolverle la ilusión a cientos de terrenos como aquel, con situaciones similares pero que no cuentan con esa luz al final del túnel. 

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